La educación lo es todo para el CLUM. Por ello piensa que hay que dar las gracias incluso cuando alguien te da una información que, quizás, no sea fundamental ni la más importante.
martes, 21 de mayo de 2013
viernes, 17 de mayo de 2013
Canteos CLUM (65): Mockbusters
La muerte de Constantino Romero deja lugar, en esta semana tan cinematográfica, a los mockbusters, películas "inspiradas" de forma CLUM en películas taquilleras.
Poco más hay que decir. Tan sólo disfrutar con estos brutales carteles.
martes, 14 de mayo de 2013
Gente CLUM (65): Constantino Romero
La reciente muerte de Constantino Romero, presentador y -junto al también fallecido Carlos Revilla- uno de los mejores dobladores al castellano, ha consternado a todo el mundo. Evidentemente, ya se ha convertido en un nuevo mártir CLUM.
Descanse en paz, amigo.
jueves, 9 de mayo de 2013
Publicidad CLUM (52): Doble o nada, de Voll Damm
Doble o nada es un lema muy propio del CLUM. Además, este anuncio dirigido por Jaume Balagueró es tan flipao que no podía dejar de aparecer en este blog.
Además, la cerveza es bastante hardcore.
lunes, 6 de mayo de 2013
Escenas CLUM (49): Celda 211
SINOPSIS: El día en que Juan empieza a trabajar en su nuevo destino como funcionario de prisiones, se ve atrapado en un motín carcelario. Decide entonces hacerse pasar por un preso más para salvar su vida y para poner fin a la revuelta, encabezada por el temible Malamadre. Lo que ignora es que el destino le ha preparado una encerrona.
El cine español hardcore tiene una buena representación con esta película, una de las mejores de los últimos años. El trailer ya de por sí sirve para abrir boca del presumible desfase que presenciaremos.
Pero sin duda, la escena más CLUM de la peli es la de Malamadre entrando en la celda de los etarras dejando las cosas claras.
Huevos como globos.
martes, 30 de abril de 2013
Gente CLUM (64): Fernando Arrabal (otra vez)
Fernando Arrabal es una figura prominente en la mitología CLUM. Además de ésto, es uno de los dramaturgos vivos más importantes de las letras españolas.
El ya clásico de clásicos vídeo del milenarismo nos llegó a todos al corazón. Desde entonces ha concedido muchas entrevistas, casi todas etílicas, pero sin duda ésta en una televisión autonómica se lleva la palma. Lo anti CLUM y lo CLUM condensado en 5 minutos.
Y si todavía quieres más, el CLUM te regala un texto llamado ketamina veloz, publicado en la revista Generación, que cuenta sus sensaciones tras una operación a la que se sometió hace tiempo.
Ketamina veloz
El inmaculado camillero ¡tan parecido a Anelka! me llevó jovial hacia el quirófano, en andas y volandas, a bordo de un alto moisés protegido por gruesos barrotes cromados y relucientes. Mi guía iba vestido de verde limón, como el color de las sábanas que me acunaban, y de la esperanza. Para conducirme se había tocado con un gorro de ducha transparente que hacía juego con su cubrebocas. ¡Qué recorrido tan delicioso! ¿Como el primer circuito turístico que los griegos nombraron ‘teórico’? Para los atenienses la meditación era la teoría (‘theôria’) que oponían a la práctica (‘praxis’). Yo también durante el itinerario hacia la sala de operaciones medité, ¿con un júbilo parecido al que experimentó el primer ser humano la primera vez? Pero en plena teoría la ‘praxis’ llevó a mi mente tórridas escenas pornográficas, cuando hubiera debido pensar en las postrimerías.
A menudo, jugando al ajedrez, me canturreo reiterativamente un estribillo que nada tiene que ver con la partida; esta vez me repetía dos versos del poeta-editor y ¡también camillero! Raúl Herrero: “prolongas mis convulsiones/vernáculo, tabernáculo”. Guiado por “mi anelka” la subida en ascensor, idealizada por mi forzosa inmovilidad, se transformó en levitación. Me habían ataviado, antes de iniciarse la travesía clínica, con una batita casi sin mangas, corta y amarilla. ¿Como vestían los griegos a los enfermos que llevaban de excursión al templo de Esculapio el dios curalotodo? Mi atuendo, como casi todo en este hospital parisiense, llevaba impreso “Assistance Publique” (es decir la antigua Inclusa). En verdad me sentía tan dichoso como el inclusero mimado por las gigantescas manazas -para él- de la hermanita de la caridad. Mi automedonte me condujo por varios pasillos de verbena cristalina e insonorizada. Me embriagaba el perfume pero no conseguía identificarlo. ¿Era un aderezo etéreo de alcohol, alcanfor, jengibre y éter? El ‘coloso’ y también bienaventurado ‘pánico’, por fin, antes de desaparecer me instaló en un alveolo célico con una claraboya radiante a dos metros de mis ojos. Aun sin poder andar recé “la oración peripatética a un dios ateo” que horas antes me había compuesto Jodorowsky. Instalado en la empinada cuna de limbo -¿o era el vientre de mi madre?- no sentí ninguna ansiedad. En semejante antesala de sangre y bisturís, ¿podía nacer aquella inexplicable euforia?
Sin embargo, las dos veces que viví intervenciones cirujanas parecidas ¡cómo me habían acongojado el dolor y la angustia! Los tres episodios respetaron el ciclo de los veintitrés años, pero ¿por qué este tercer acto era tan opuesto a los dos precedentes?
Para obedecer al rito nacional tuve que dirigirme al público teatral madrileño tres días antes de la intervención quirúrgica. La Pasión, que había visto representada brillantemente me había conmocionado. Pero durante aquellos instantes, solo en escena y con la obligación de hablar a una muchedumbre invisible y desconocida, vislumbraba imágenes de lo que barruntaba como mi inmediata pasión y posible muerte en un hospital francés ¡el primer día de la Semana Santa! No obstante súbita y misteriosamente, en estado hipnótico, me oí concluir las breves palabras refiriéndome a… ¡mi resurrección!
Durante la larga operación no tuve ninguna de las pesadillas que me aterraron hace veintitrés y cuarenta y seis años. Algunas de las cuales las he contado al pie de la letra en obras como “Los dos verdugos”.
Mientras me operaban, en sueños, realicé un periplo divino. Un vehículo deslumbrante me llevó a una velocidad vertiginosa. Recorrí laberintos y selvas exponenciales centuplicándose instantáneamente, galaxias con planetas trapecistas, túneles radiantes entre abismos oceánicos que subían al cielo. No me daba tiempo para verlo todo, pues todo desfilaba rapidísimamente. Flores gigantescas y microscópicas reían a lágrima viva, piedras preciosas y espejos de goma daban saltos por la luna, caleidoscopios con cuernos de rinocerontes se abrían a mí acogedores cuando iba a estrellarme contra ellos. Surgían voces como si conversaran cerca de mí ángeles humanos. Un estruendo sorprendentemente armónico interpretaba la sinfonía del Edén. Lis en otro vehículo (¿encima de mí o debajo? ¿detrás o al lado? ¿cruzándome diagonalmente o cayendo perpendicular desde lo alto?) me siguió un segundo y nos alejamos irremediablemente. Pero sabía que más tarde nos encontraríamos, felices. Samuel vino a bordo de una vaca meteórica. Me explicó algo tranquilamente, pero dada la velocidad sólo oía palabras sueltas. A Lélia, corriendo vertiginosamente a caballo de Freud, tampoco conseguía poder dirigirme a ella. Mi padre como el rayo supersónico salió del pasillo de la muerte del Penal del Hacho. Sabía que íbamos a besarnos en el fondo del firmamento entre cataratas de arena. Desternillándose Didier Khan y Kundera pasaban como bólidos. La nonagenaria volaba a bordo de un cohete supersónico gracias a su perfusión de oxígeno en la nariz. Mientras a ella y a sus tres biznietos la despojaban de su fortuna reía seráficamente convertida en “pobre de solemnidad”. Los patafísicos coreaban “bienaventurados los pobres” en un eco que se podía masticar. Yo mismo desaparecía y aparecía irreconocible para mí mismo. Dios me tragaba y me proyectaba. Me sacó de mi supersónico vehículo para colocarme en la palma de Su mano. Sentía que iba a ocurrir algo aún más prodigioso cuando…
…una voz me susurró dulcemente: “Monsieur Arrabal, comment allez-vous?”. Reconocí a la anestesista… y tomé tierra. El periplo de iniciación (la ‘theôria’) sólo acababa de comenzar. ¡Qué felicidad!
jueves, 25 de abril de 2013
Canteos CLUM (64): Un hombre se tira sobre un cactus
Los límites en la estupidez del ser humano están muy lejos de descubrirse. Un claro ejemplo es este notas, que se lanza sobre un cactus gigante y lo sube a Youtube.
Este súmmum de irracionalidad, no obstante, hace que obtenga el certificado CLUM.
Hay que estar atento especialmente a los gritos del minuto 00:43 en adelante.
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