martes, 22 de julio de 2014

Anécdotas CLUM (20): La apuesta al mordisco de Luis Suárez

Todos asistimos anonadados al célebre y reincidente mordisco del flamante fichaje del Barça Luis Suárez al italiano Chiellini en el pasado Mundial.


Oliéndose la tostada, un noruego CLUM apostó 12 días antes a que tal suceso sucedería. Se jugó 100 coronas (unos 10 euros) y ganó el equivalente a casi 700. Desde entonces, y con su aterrizaje en la liga española, el mordisco de Suárez a Sergio Ramos o Pepe se cotiza a 21 euros por euro apostado. A Ronaldo o a Bale a 51 pavos y otros como Xabi Alonso o su compañero de selección Godin, a 26.

El Hajvalia Pristina de Kosovo ha ofrecido asilo al futbolista para que juegue en este territorio durante los cuatro meses que le dure la sanción impuesta por la FIFA. Cuando este período acabe, veremos quien será el elegido por mordisquitos.


miércoles, 16 de julio de 2014

Canteos CLUM (74): Especial movimiento Free Party

Este próximo fin de semana se celebra una nueva edición del Monegros Desert Festival, una rave de 24 horas seguidas, donde la música y las vitaminas fluyen sin control en pleno desierto aragonés.

Sin embargo, el CLUM opta por darte una sobredosis de información reivindicando las fiestas en las que se inspira este festival: las llamadas free parties, squat parties o teknivals, es decir, fiestas clandestinas, generalmente al aire libre, donde sonidos CLUM hacen entrar a la gente en una especie de estado emocional y psicológico alterado. Aunque se nutren de géneros musicales puramente electrónicos, las raves tienen un fuerte componente tribal y de comunidad, a diferencia de los clubes convencionales. Para algunas personas como el estadounidense Douglas Rushkoff, escritor, columnista y profesor de cultura virtual de la Universidad de Nueva York, “La cultura rave es donde veo la mayoría de las formas conscientes más evolucionadas de espiritualidad hoy en día. Es un lugar donde la ciencia, la tecnología, la cultura global y la cultura joven se encuentran en un ritual espiritual pagano.”

En esta página explican el porqué de ésto a través de sus orígenes
El origen de estas fiestas como tales, se traslada a los años 60 en Estados Unidos. El movimiento hippie sufría la mirada de Nixon y muchos decidieron exiliarse y viajar por todo el mundo, llevando consigo un fenómeno sociológico contemporáneo: los New Age Travellers. En Inglaterra, estos nuevos nómadas, vivían en camiones o autobuses transformados en casas e iban de festival en festival, naciendo así la cultura de la fiesta libre a lo largo de los años 80. Durante este período el movimiento musical crecía acompañado de una fuerte ideología como distintivo. El fin era utilizar un espacio para dar a conocer otro tipo de música en un ambiente de unión y de libertad. Alrededor del “sound system” se organizaban las fiestas en una zona autónoma como alternativa a las ofertas de ocio existentes. Basadas en la filosofía de Hakim Bey, las free parties se convierten en “Zonas temporalmente autónomas”, es decir un espacio que por una noche es autogestionado e independiente. “Es una fiesta libre de cualquier tipo de restricción que pueda serle impuesta por la legislación o convenciones que regulan la escena de clubs” explica un colectivo de free party de Alicante. Se forma como una burbuja donde cada uno es libre de expresarse como quiera, respetando a los demás. El escritor especializado en música electrónica Eric Steins decía que “los ritmos de la música techno eran el énfasis de la cultura rave”.
Desde Estados Unidos el movimiento se exportó al Reino Unido y de ahí se extendió al resto de Europa, especialmente a países como Francia, Alemania, Italia, Holanda y España. En la última década, ante la mayor persecución de estas fiestas, el movimiento se está trasladando hacia Europa del Este, especialmente a países como la República Checa, Hungría o Rumanía.

En este recomendable documental italiano Tekno. Il respiro del mostro, se cuenta el estado actual de este fenómeno en Europa.



No obstante, antes de vértelo, merece la pena que eches un vistazo a lo que ocurrió en el año 2005 en el CzechTek, posiblemente la rave más salvaje del mundo, con un final acorde a tamaño desfase.



En España existen decenas de colectivos que continúan realizando multitud de raves a lo largo y ancho del mapa. Muchas de ellas al albor de festivales consagrados como el Sónar con su AntiSónar y el Viña Rock con su ViñaTek. Otras, como la Fiesta del Dragón en las Alpujarras se convierten en la mayor concentración hippy de Europa.

Sin embargo, es necesario volver casi treinta años atrás para recordar la famosa ruta destroy o ruta del bakalao valenciana, movimiento cultural CLUM que comenzó a principios de los ochenta en paralelo a la movida madrileña y terminó a mediados de los años noventa, pionero en traer a España los sonidos electrónicos más vanguardistas de la época. A pesar de su mala prensa durante décadas, últimamente se empieza a reivindicar como un gran fenómeno social y cultural con exposiciones como la que hubo hace escasos meses en el MuVIM de Valencia.


Aquí tienes el mítico documental de Canal + del año 1993 donde se explicaba este fenómeno:



Y, si todavía tienes ganas de más, no dejes de mirar e investigar sobre el festival Kazantip en la península de Crimea, antes rusa, luego ucraniana y de nuevo rusa. Cosa que al parecer se la suda a su creador, tal y como muestra este reportaje.


jueves, 10 de julio de 2014

Gente CLUM (71): John Wojtowicz "The Dog"

Hay gente CLUM que merece que se hagan películas y documentales en su honor. Uno de ellos es John Wojtowicz, el hombre que, en una calurosa tarde del verano de 1972, decidió atracar un banco de Brooklyn para pagar una operación de cambio de sexo a su amante (de hombre a mujer).

Sin embargo, este acto, que inspiró la película Tarde de perros, protagonizada por Al Pacino y que le catapultó a la fama como una especie de Robin Hood contemporáneo, es uno más en la intensa historia de este personaje. The Dog se autodefinía como un romántico y fue pionero del movimiento por la liberación de los gays, además de ser marido en paralelo de al menos tres personas (una mujer, otra en proceso y un travesti). Todo esto lo compatibilizó con una estancia en la cárcel, entre otras cosas. De contar la historia de su vida completa se encarga el documental de reciente factura The Dog.

Un tipo CLUM con las ideas más que claras.

Aquí un trailer del documental.



Aquí un trailer de la película.



Y aquí un vídeo-entrevista a los directores del documental, donde se profundiza un poco más en la figura de nuestro protagonista.



lunes, 7 de julio de 2014

Conceptos CLUM (26): Rajadas

Siempre hay un momento en que a la gente CLUM, si se le toca en exceso los huevos, explota.



En general, rajar se utiliza para el acto de criticar y protestar ante una situación. Sin embargo, especialmente en el mundo del fútbol, las rajadas equivalen a esos momentos CLUM en los que el protagonista abandona su raciocinio y sentido de la mesura para soltar todo lo que lleva dentro.

El siguiente vídeo recopilatorio hace un repaso por las mayores rajadas de las últimas décadas, efectuadas por ilustres personajes como los que veremos a continuación.



Si quieres ver más, aquí la recopilación completa. A partir del minuto 06:30 es el mismo contenido del vídeo que acabamos de ver.


jueves, 3 de julio de 2014

Un viaje CLUM al Sónar (Segunda parte)

Engañados nuestros estómagos, procedimos a enfrentarnos al blocor, otro final boss de aúpa. Nos hicimos con unas yonkilatas para facilitar nuestro paseo y poco a poco fuimos acercándonos a nuestro destino. Sin embargo, en la periferia, la escala humana brilla por su ausencia y pronto nos vimos obligados a tragar infraestructura a paladas. El paseo adquiría tintes épicos a medida que sorteábamos agresivas autopistas, puentes carente de aceras, túneles infectos y rotondas de cuatro carriles hasta que finalmente y gracias a nuestra fe, encontramos nuestro objetivo. No había tiempo que perder, así que nos metimos del tirón sin discusión alguna.

El Sónar de noche es la otra cara del de día. Si bajo la luz del sol es festival es relativamente comedido, bajo la luz de la luna se torna en desproporcionado. Las salas se componen de naves de más de 100x100 metros de tamaño, tanto al aire libre como bajo techo y en cada una de ellas el sónido es demencial, pero de una calidad inigualable. Como en el de día, ocurrieron dramáticas pérdidas y durante unas horas el grupo parecía que tomaba caminos divergentes. Escuchamos mucha buena mierda y montamos en los famosos coches de choque del Sónar, donde pudimos observar escenas de una elevada inconsciencia. Asombrosamente nos reunimos en el SonarCar, el escenario más macarra, el cual comenzó siendo un aderezo a los coches de choque y ha acabado siendo uno de los más populares.

A las 3.45 teníamos una cita ineludible en el SonarClub, el escenario mayor y genuino templo de la electrónica. El artista era Richie Hawtin, tan asiduo al festival como nosotros. Pronto comenzó a soltar toda su mierda, siempre fresca y blandita a la par que crujiente, que nos gozamos, y finalizó su sesión con altas dosis de populismo con lanzamiento de confeti incluido. Pero no sabíamos la que se nos venía encima.

El siguiente artista era Loco Dice, habitual dj del DC-10, el garito más cebado de Ibiza. Si Richie nos había obsequiado con jamón ibérico cortado muy fino, el germano-tunecino expulsó toneladas de mortadela en lonchas muy gordas. Loco, acostumbrado a pinchar en el chamizo ibicenco, sabía que no se iba a ver en otra igual en su vida, por lo que procedió a soltar todo su arsenal sin miramientos. La barbarie sonora iba acompañada de unos visuales dignos del Windows Media Player. Todo era muy barato. Nosotros deglutíamos todo ese chopped pidiendo y exigiendo más y nuestro estado, al igual que el del resto de las miles de personas que allí lo estaban dando todo, era el de una brutal acuosidad externa conseguida a base de extraer todos nuestros líquidos internos. Esta situación insostenible sólo podía verse parcheada a base de frecuentes visitas al baño, donde nos amorrábamos a los grifos como si no hubiese un mañana, atiborrándonos de litros de aigües de Barcelona y calcificando a base de bien todo nuestro sistema digestivo. Tras varios amagos de finalizar con su sesión, Loco, que no se iba del escenario ni con Zotal y arengado por las masas y sus palmeros, procedió a finalizar su sesión con un akelarre sonoro y visual del que todavía no nos hemos repuesto.

Con el sol ya en lo alto procedimos a abandonar civilizadamente las instalaciones y asistir al espectáculo que ofrecía el paisanaje que pululaba por la zona desde una gasolinera, donde nos hicimos cada uno con una botella de litro y medio de agua a modo de biberón. Especialmente llamativo era el parque móvil, compuesto por coches del año del trueno, monovolúmenes con familias felices fuera de lugar, trailers, motos, vehículos de tres ruedas, ciclistas madrugadores y gente que simplemente huía como si no hubiese un mañana. Tras pimplarnos las botellas conseguimos recuperamos levemente de la masacre sonora a la que habíamos asistido, la cual debería estar tipificada como delito en el Código Penal. Ahora quedaba la vuelta a casa, cosa que pronto se tornó ardua cuando un peseto pakistaní rechazó cogernos, alegando que no le salía rentable. Tras valorar la posibilidad de liarla un poco para que los Mossos nos dejaran en casa a cambio de una ondonada de hostias sanas, encontramos un taxista que se apiadó de nosotros y que rehusaba -con una sonrisa- el perdonarnos treinta céntimos a la hora de soltar los mortadelos.

Por fin estábamos en Saigón. Tumbados en nuestros camastros y reventados de forma incuestionable, el más del litro y pico de Red Bull que llevábamos en el cuerpo se hizo notar, teniendo como resultado una comida de techo de las que hacen época. Tras unas cuantas horas de insomnio decidimos seguir cumpliendo con las tradiciones e ir a pillar manduca a un restaurante xinés. Éste, ubicado en el polígono, nos ofreció una comida de calidad regular y rica en sales, cosa que no beneficiaba en absoluto a nuestro secor. Lo peor es que un niño que estaba al lado y que comía los rollitos con la mano, los sazonaba generosamente con cantidades absurdas de sal extra. Abonado aquel horror gastronómico, pasamos a tomarnos unos cafés y leer la edulcorada crónica de la Vanguardia, auténtica crónica de Narnia donde se obviaba -y con razón- lo perpetrado por Loco Dice hace tan solo unas escasas horas. La tarde sirvió para que desacansáramos unas horas y dejáramos de hacer el buho.

A última hora de la tarde regresamos a Barcelona y procedimos a dar un paseo sano por barrios como el Poble Sec, topónimo auténtico de nuestro estado, el multiculturalizado Raval, el Barrio Gótico, con unos ancianos haciendo botellón en un concierto de música clásica incluido, y la Barceloneta. Volvimos a Montjuic y, tras estar a punto de entrar en un garito dentro del circuito off-Sónar, decidimos -en un alarde de sentido común desconocido hasta ahora- volver a planchar a casa. 

Dormimos como bebés y procedimos a darnos unas friegas a base de agua mineral, abandonada ya toda esperanza de tener agua corriente. Volvimos a degustar otros pantumakers en Bellvitge, en un impecable ambiente dominguero y nos despedimos de Sergi, un tipo entrañable al que le cogimos cariño pese a sus ambigüedades sanas. Ya en coche hicimos una nueva visita a Barcelona, yendo a ver ciertos monumentos imprescindibles para aquellos que todavía no habían estado en la Ciudad Condal y así tiznar con una pátina de cultura esta escapada. Aparcamos cerca de la Sagrada Familia y nos introdujimos dentro de las hordas de turistas que deambulan por toda la zona, para posteriormente deleitarnos viendo las tiendas de souvenirs. A punto estuvimos de llevarnos un llavero con la estelada o una flamenca gaudificada.

De vuelta en el coche, un móvil del que desconocíamos su melodía comenzó a sonar. Lo encontramos y, bajo en nombre de "Serpa" apareció la voz de Sergi, con el que acordamos devolverle su aparato extraviado. Nos despedimos de él y del polígono y comenzamos nuestro regreso a Madrid. Tan sólo nos quedaban seis horas y pico de viaje para llegar a la seca meseta.

Con su mezcla de refinamiento y macarrismo, el Sónar satisfizo un año más, y de forma impecable, las necesidades de hardcore que el CLUM siempre reclama. 

Así sí.

martes, 1 de julio de 2014

Un viaje CLUM al Sónar (Primera parte)

Todos los años, a mediados de junio, el CLUM no se plantea otra posibilidad más que estar en Barcelona en el Sónar, inaugurando el verano con uno de los festivales más longevos y frescos de música electrónica a nivel mundial.

A pesar de que este año había grandes y dolorosas bajas entre los compañeros de viaje, nuevas fuerzas se sumaron a la comitiva, dispuestas a conservar y potenciar el espíritu de esta escapada. Las tradiciones CLUM hay que mantenerlas por encima de todo y todos lo sabemos.

El jueves 12 dejamos atrás Madrid. Nuestra primera parada fue ya en Cataluña, donde pudimos ver la inauguración del Mundial de fútbol en el siempre peculiar ambiente de los bares de carretera. En este caso la parroquia la formaban camioneros nacionales y rumanos, algún que otro anciano local que nos demostraba su ignorancia respecto a cuándo jugaba España, y nosotros. Confirmado el más que previsible tongazo a favor de Brasil con el inexistente penalty a Neymar, continuamos nuestro trayecto y después de media noche llegamos a nuestro destino.

Éste no era otro que un edificio industrial en Hospitalet en proceso de reconversión como centro creativo. El singular lugar estaba regentado por Sergi, un tipo que daba varias veces la vuelta al concepto de perroflauta y que, amablemente, nos recibió y ayudo a acomodarnos. Nuestros aposentos consistían en una planta de unos 300 m2 en la que antiguamente se hacían raves, con mesa de ping pong y de dj y un cuarto al fondo donde se encontraban nuestros camastros, elaborados a partir de ingeniosas combinaciones de diversos e indeterminados materiales. La temperatura y humedad eran elevadas y la higiene era regular, pero nuestra ilusión eclipsaba las posibles incomodidades que pudiéramos sufrir. Sergi nos dio un pequeño detalle de última hora: carecíamos de agua corriente, pero un colega suyo iba a venir a las tres de la mañana a crackear la toma de agua y todo estaría solucionado. Con esas vagas promesas nos fuimos a dar una vuelta a las playas del Prat. 

Allí los chiringuitos aprovechan la influencia del Sónar y montan fiestas en la playa, donde los guiris se dejan los jurdeles a la vez que se cogen cogorzas descomunales, como así pudimos comprobar con alguna que otra chica más que beoda y su correspondiente buitre, sabiéndose que ése -y no otro- era su momento de actuar y cazar a su presa. Durante la vuelta a nuestro hogar dedujimos que el Prat es como un híbrido entre Getafe y Marbella y posteriormente fuimos mentalizándonos del ámbito urbano donde íbamos a vivir durante los próximos tres días: el polígono. El trayecto se desarrolló sin complicaciones y al llegar a la nave conocimos a los extravagantes amigos de Sergi, desarrollando una improvisada tertulia en la que nos comentaron que el cracker no había podido venir. Finiquitada ésta, subimos al piso de arriba. Allí, las condiciones higrotérmicas de la habitación nos condujeron a bautizarla como Saigón. La noche se desarrolló sin grandes sobresaltos, excepto por la presencia del mosquito tigre, que nos breó a aquellos que tardamos más de dos minutos en dormirnos.

Al día siguiente amanecimos con el ronroneo y el solazo del polígono y hablamos con Sergi para ver cómo iba el tema de las duchas. Éste, profuso en buenas palabras y parco en hechos concretos, consiguió finalmente proveernos de agua corriente a través de unos bidones, preguntándonos si tendríamos suficiente tiempo con 20 minutos por persona de agua caliente. La ducha, como todo el resto de la nave, era una oda a la ñapa. Hicimos uso de ella a través de un hilillo de agua fría unos dos minutos por barba y nos dimos con un canto en los dientes.

Tras desayunarnos unos pantumakers, ya estábamos listos para partir hacia la plaza de Espanya de Barcelona, lugar de celebración del Sónar de día. Sergi nos guió cordialmente hasta el carrilet (un cercanías de la Generalitat) y de esa manera llegamos hasta allí. La temperatura y humedad eran inmisericordes. Nuestros cuerpos, acostumbrados al clima mesetario madrileño, se confunden ante tales condiciones climáticas y pronto empezamos a experimentar el secor, el auténtico final boss del viaje, que se resume en un drenaje excesivo de sudores seguidos de un inmediato efecto "uva pasa" interno.

La cola de entrada era grande, por lo que decidimos avituallarnos con diversos alcoholes que ayudarían a hidratarnos y que tuvimos que ingerir rápidamente debido a la prontitud con la que ésta se resolvía. Una vez dentro nos dejamos llevar por los encantos del festival: musicón, delicias tecnológicas y un amplio catálogo de gente peculiar. Tras un primer contacto con los diferentes escenarios, confraternizamos con unas chicas italianas para posteriormente perdernos entre nosotros, huir de ellas y volver a reencontrarnos milagrosamente un tiempo después en la sesión de Simian Mobile Disco. Ya reunidos de nuevo, seguimos disfrutando de diversas actuaciones, conociendo personajes y encontrándonos con otros amigos asiduos al festival.

El Sónar de día del viernes iba finalizando, lo que aprovechamos para salir y buscar raudos un bar para ver el partido de España contra Holanda. Pronto lo encontramos y continuamos con nuestra hidratación a base de Estrellas Damm a la vez que nos echábamos los clásicos amigotes de bar. Según asistíamos a la debacle del combinado patrio nuestra ira iba en aumento. Abandonamos el bar y cogimos un taxi para volver a Saigón. El trayecto fue corto, pero suficiente para que el peseto se empapara de desmesurados comentarios repletos de odio hacia el holandés, fruto de una testosterona incontrolable. Sus loables intentos de atenuación no hacían sino incrementar nuestra irracionalidad. Tras preguntarnos en sucesivas ocasiones si estábamos seguros de bajarnos allí, entramos en nuestro hogar a por nuestras entradas y pronto salimos de nuevo rumbo al Sónar de noche.

Sin tiempo para el descanso comenzaba la siguiente etapa. Decidimos ir andando hasta la Fira de Barcelona, ya que el evento se realizaba cerlejos de nuestro hogar. Lo primero que necesitábamos era cenar algo ya que, con todo el tinglado, no habíamos comido nada desde el desayuno. Nos adentramos en Bellvitge, un barrio hardcore contiguo a nuestro polígono, compuesto por una sucesión infinita de bloques lineales de más de quince plantas típicos de los años sesenta y repletos de inmigrantes de otras zonas de España, conocidos amistosamente como charnegos. Allí encontramos un bar y procedimos a pedir los célebres Frankfurt, tan populares en aquella tierra. Lo que nos trajeron fueron unos trozos de pan abundantes en currusco y escasos en miga que albergaban una salchicha tipo Oscar Mayer en su interior y que solo pudimos deglutir a base de ketchup y mostaza. 

jueves, 12 de junio de 2014

Escenas CLUM (47): Salvar al soldado Ryan

SINOPSIS: Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Tras el desembarco de los Aliados en Normandía, a un grupo de soldados americanos se le encomienda una peligrosa misión: poner a salvo al soldado James Ryan. Los hombres de la patrulla del capitán John Miller deben arriesgar sus vidas para encontrar a este soldado, cuyos tres hermanos han muerto en la guerra. Lo único que se sabe del soldado Ryan es que se lanzó con su escuadrón de paracaidistas detrás de las líneas enemigas. 

Si estás un poco hasta la polla (o el coño) de la abdicación del Rey, de Pablemos o del eterno debate catalán, el CLUM te propone hardcorizarte un poco con la espectacular recreación que Steven Spielberg hizo sobre el desembarco de Normandía a.k.a. la madre de todas las batallas, del que se ha cumplido hace escasos días el 70º aniversario. 

Seguramente la hayas visto mil veces, pero nunca está de más ponértelo bien grande y con buen sonido CLUM y fliparlo un poco.



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